Tu éxito y tu felicidad dependen de tu lenguaje interior. Claves para aprender a manejarlo

“Esto se me está haciendo cuesta arriba”, “me estoy dando contra un muro”, “es un callejón sin salida”… Estas expresiones y otras muchas forman parte de nuestro día a día en el trabajo, en las relaciones personales y en cualquier otro ámbito. Son metáforas y palabras que nos repetimos de manera casi inconsciente. Sin embargo, estas palabras tan familiares y, aparentemente, tan inofensivas, minan nuestra capacidad de acción de manera casi invisible, marcan nuestras posibilidades de tener éxito en aquello que emprendamos, y nos impiden disfrutar y ser felices con nuestra vida. Aprender a controlar el lenguaje interno es fundamental para tener una vida plena. Tú puedes cambiarlo con unas sencillas estrategias.

¿Cómo afecta nuestro lenguaje interior a nuestro cerebro y nuestro comportamiento?

Hace unos cuantos meses, viendo una entrevista al actor Antonio Banderas en la que repasaba su carrera, recordaba que, al comienzo de su andadura en Hollywood, no sabía inglés, lo cual no le impidió conseguir varios papeles en distintas películas. ¿Cómo lo logró? La clave estuvo en su lenguaje interior. Decía que las primeras palabras que aprendió fueron I can do that. Le propusieran lo que le propusieran, su respuesta era “Yo puedo hacer eso”. Y esas palabras se las repetía constantemente, creando en él una actitud de osadía, valentía, resistencia y confianza que le impulsó en su carrera de manera determinante.
Unas palabras, una sola frase, se convirtieron en la palanca fundamental hacia el éxito que él buscaba.
Ahora pensemos en nuestra propia situación. ¿Con quién es con la persona con la que más hablamos diariamente? Con nosotros mismos. Y algunos informes manifiestan que el 80% de las cosas que nos decimos internamente son negativas.
Así que, una variación mínima en ese porcentaje puede obrar cambios sustanciales en nuestro comportamiento y nuestro disfrute de las cosas.
Pero, ¿cómo funciona el lenguaje interno y cómo se relaciona con el cerebro y el comportamiento?
Pues bien, para llegar a un curso de acción y a un comportamiento el cerebro sigue unas fases donde las palabras son fundamentales para marcar su signo. Veamos cómo:

Fase 1: recepción de la experiencia. Cuando experimentamos algo o vivimos cualquier tipo de sensación, esta se introduce en el cerebro mediante imágenes, olores, tacto,…pero a estas recepciones de los sentidos, el cerebro automáticamente les asigna una palabra que los etiqueta. Así, las palabras asignadas a esas experiencias marcarán en el subconsciente si esa asociación es más placentera o dolorosa y su intensidad. Por ejemplo, si hemos sufrido una ruptura sentimental y esa experiencia la asociamos a una palabra como traición, cuando en futuras relaciones nuestro cerebro detecte pautas que le parezcan similares, aunque no tengan por qué ser lo mismo, lo asociará a esa etiqueta de forma automática y nos provocará temor, desconfianza y sufrimiento. Si en lugar de identificarlo con traición, lo asociamos con otra palabra de menor intensidad y de un tono más constructivo como desacuerdo, cuando detectemos esas pautas, nuestro sufrimiento no será tan intenso y buscaremos el diálogo con la otra persona porque desacuerdo implica la posibilidad de hablar y arreglar las cosas, mientras que traición nos cierra las puertas a cualquier solución que no sea la ruptura. Ante esto, a más riqueza de vocabulario, más posibilidades hay de matizar las experiencias negativas y enriquecer las positivas.

Fase 2: generación de pensamientos. Casi de manera inmediata, el cerebro convierte esa entrada en un pensamiento. Da igual que la experiencia sea más o menos objetiva o real, según la hemos etiquetado, así la transforma el cerebro en pensamiento y la hace real. De ahí la importancia de manejar bien las etiquetas con las que marcamos dichas experiencias. En el anterior ejemplo, si ante una ruptura sentimental asociamos la etiqueta traición, el cerebro ha generado una asociación y pensamiento, y va a tender a reforzar y buscar esa confirmación de manera continua, porque el cerebro busca la coherencia entre lo que piensa y su creencia, y lo que ve y experimenta.

Fase 3: creación de sentimientos. Esos pensamientos y esas etiquetas asociadas crean sentimientos. No son emociones, porque los sentimientos son construcciones conscientes que se han hecho en las anteriores fases. Si esa etiqueta es negativa y muy intensa, como la palabra traición, ante cualquier problema en una relación, éste se convierte en sospecha y pueden degenerar en sentimientos como celos, ira u hostilidad. Si elegimos la etiqueta de desacuerdo, los sentimientos que se manifiesten serán menos negativos, por ejemplo, habrá tristeza, pero habrá sentimientos neutros como sorpresa o compasión e incluso positivos como esperanza. Así pues, un cambio en nuestro vocabulario genera un cambio en nuestro sentimiento.

Fase 4: puesta en acción. Finalmente, el cerebro ordena la puesta en marcha, en acción. Y dicha acción y su curso vendrá claramente marcado por las anteriores fases. Si siento hostilidad y celos, adoptaré acciones beligerantes. Si siento compasión o esperanza, emprenderé actividades encaminadas a comprender y dialogar.
Si observamos estas fases y el ejemplo, nos damos cuenta de que una misma realidad puede devenir en dos sentimientos y comportamientos totalmente distintos. Y nuestro lenguaje interior ha tenido un papel protagonista.

Tú decides cómo quieres sentir y comportarte. Estrategia para manejar tu lenguaje interior

Como hemos visto, dependiendo de las palabras que selecciones, puedes dirigir tus sentimientos y tus cursos de acción. E incluso puedes darle más o menos intensidad a los sentimientos o hacerlos más neutros.
Para manejar tu lenguaje interior, te propongo una sencilla estrategia en estos pasos:
Paso 1: selecciona un ámbito de tu vida que quieres mejorar o cambiar, y define lo que quieres lograr. Puede ser tu vida familiar, tus relaciones con amigos, hábitos saludables, trabajo… Escoge el que ahora el que más necesidad tengas de actuación.
Paso 2: fija una semana para hacer el análisis que ahora te propongo: apunta todas las metáforas y palabras que te sueles decir a ti mismo respecto a ese ámbito y el sentimiento que representan. Durante siete días, apúntalo todo. No las clasifiques, simplemente vuélcalas en un papel. Si tienes dudas, pregunta a personas cercanas que de manera objetiva te digan qué vocabulario es el que sueles emplear para describir determinadas situaciones.
Paso 3: al finalizar la semana, clasifica todo lo recogido en tres grupos: positivo/neutro/negativo. De un primer vistazo ya podrás ver si tu lenguaje es claramente negativo, neutro o positivo dependiendo del número de palabras y sentimientos que haya en cada grupo.
Paso 4: te propongo realizar una matriz que yo mismo he creado (matriz OFR) y que te clarificará los cursos de acción a tomar. Debes tomar las palabras detectadas y sus sentimientos asociados y colocarlos en cada cuadrante de la matriz obedeciendo a lo que te ayudan para conseguir tu objetivo marcado en este ámbito que vas a trabajar.

matrizofr

Cuadrante Alarma: aquí están esas palabras y sentimientos que son limitadores y que usas con frecuencia. Tienen un alto impacto en tu vida así que claramente tienes una estrategia de cambio. Debes romper la pauta de manera inmediata y trabajar esas palabras para cambiarlas cuanto antes.
Cuadrante Vigía: aunque son limitadoras, al ser poco usadas, están teniendo un bajo impacto en este ámbito. Aquí tienes que estar vigilante respecto a las veces que las usas e intentar modular su intensidad.
Cuadrante Despertar: en este caso, posees palabras muy capacitantes que te ayudarán en tu objetivo pero que están dormidas. Hay que despertarlas y usarlas con más asiduidad. Establece una pauta de uso más continuado.
Cuadrante Despegue: claramente el cuadrante más capacitante para tus objetivos. Tienes que mantener ese uso. No debes permitir que decaiga.

Paso 5: ampliar tu vocabulario. Como verás, a mayor vocabulario, mayores posibilidades de darle más riqueza a tus experiencias y modular su intensidad a tu gusto. Busca palabras para cada estrategia del cuadrante correspondiente.
Paso 6: ponte en marcha sin miedo. Escribe esas palabras y conviértelas en un mantra, llévalas siempre contigo hasta que las interiorices. Y dilas en público cuando tengas oportunidad, sin importar lo que los demás piensen acerca de las palabras con las que defines ciertas situaciones. Se trata de ti y de tus objetivos personales y nadie debe inmiscuirse ni afectarlos.
Como decía al comienzo del artículo, de manera inconsciente podemos generar lenguaje interior negativo que impacta directamente en nuestros sentimientos y comportamientos. Esta en ti el poderlos cambiar de forma rápida. ¡Puedes empezar hoy mismo!

¡Disfruta!

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